Ocho minutos

A L.

Ocho minutos faltan para que despiertes. Siete minutos que pueden ser una desesperada persecución, o el abrazo más tierno que habrás dado en tus queridas y enamoradas fantasías oníricas. Anhelo que pudieras descansar tan siquiera tres minutos más, pero esa alarma está tan fuera de mi alcance, que me siento débil ante el avanzar de las mejillas del reloj. Luego recuerdo que al tiempo lo perdemos de un beso, y le vuelvo a mirar con el mismo desdén que tanto nos caracteriza.

No pienses en tiempo, dinero, escuela, trabajo, familia, modo, ¡nada!

Buenos días, amor.

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